24 dic. 2016


Por Francisco Galarza//Fotos: Lauri Gutierrez

En la Sala Mariño, a esta altura templo de la vanguardia del arte correntino, se presentó un novel proyecto de música. Que con una solida base roquera busca experimentar en la fusión con ritmos del litoral. Karaguatá salió airoso de su bautismo de fuego en los escenarios con un show contundente, y una puesta en escena sobresaliente.
 
Tradicionalmente se espera de una banda, sobre todo si es nueva, una buena performance arriba de los escenarios. Pero en la era cultura audiovisual y de redes sociales el paradigma empieza a transformarse. Los chicos de Karaguatá lo percibieron, y antes de presentarse oficialmente en la Sala Mariño, llevaron a cabo una muy buena campaña de difusión en las redes sociales, además del clásico raid mediático,  mediante la cual establecieron una expectativa en el público. Permitiéndoles subir a tocar con un arranque de al menos fuerte curiosidad por lo que iba a pasar.



Vale destacar el profesionalismo con que estos siete músicos correntinos tomaron la producción de su concierto debut. Que los llevó a presentar una puesta en escena envidiable, y poco visto en el ambiente del rock. Con un trabajo de sonido, luces y visuales que le dieron un marco envolvente a esta propuesta musical que, como otras en la región, comienzan a ver en nuestros ritmos tradicionales una faceta aprovechable para generar nuevos sonidos y sensaciones.

Una vez que subieron al escenario se notó esa preparación de cerca de un año de búsqueda de un sonido identitario propio.  La coordinación a la hora en ensamblar sonidos entre los integrantes en el desarrollo de las canciones se veía y escuchaba desde la gradas con un armonía que daba gusto.


Tanto su sonido como su estética emiten señales similares a ciertas bandas regionales que también están en la búsqueda de revalorizar esos sonidos tradicionales de litoral o del interior profundo de nuestro país. La  música de los Karaguata es cercana, aunque con sus particularidades, a grupos como Nde Ramirez, Guauchos o Saltimbankis.

Si bien su base musical es el rock, cada balada o canción no deja de tener una conexión sónica con el chamamé, el rasgido doble, el candombe y hasta una chacarera-rocker que promete convertirse en un hit de la banda. A los largo de sus 13 canciones la fusión de ritmos se dan sin solución de continuidad. Pero su frontman y voz Ramiro Noguera se encarga de dar presentación a la temática del próximo son, y genera un clima muchas veces acompañado por las visuales que se proyectan a modo de fondo de escenario del ensamble.



En este punto es menester destacar algunas temáticas de las letras y el sentido de sus canciones. Por ejemplo la canción dedicada a un niño-combatiente paraguayo de la Guerra Guazú (Guerra del Paraguay) llamada “De Kuruzu a Kurupaity”. Pasando antes por una canción con olor a tierra como “Viento Norte”. Sin olvidar de la fuerte conciencia ecológica “Anestesia”. Es así como el grupo combina buen rock, sazonado con música del litoral y potente contenido en sus letras.

No caben dudas de que Karaguatá empezó a abrirse el camino en el mundo de la nueva música correntina. En especial en ese segmento de bandas regionales que tienden puentes entre lo mejor del rock contemporáneo y nuestros sonidos más tradicionales, agrupados en eso que llamamos música del litoral. El primer paso dejo un saldo positivo, ahora deberán hacer su propio sendero.




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