20 mar. 2015


Por PPAMisiones

Andrés Giménez fue el invitado a la nueva etapa de Clínica 13. Una Casa de la Cultura  de Oberá repleta disfrutó de más de dos horas de anécdotas, consejos y mucha buena onda de un artista que quedó cautivado tanto por el accionar del MPM (Músicos Populares de Misiones) como por el proyecto de las clínicas, y prometió producir un disco de bandas de heavy metal de acá.

Andrés Giménez es un músico al que la vida lo ha llevado a alternar con la elite del metal mundial. Amigo personal tanto de Andreas Kisser (guitarrista de Sepultura) como de Alejandro González (batería de Maná), también se considera hijo adoptivo de León Gieco, sobrino de Mercedes Sosa y tío de Abel Pintos. Este curioso (por lo variado) árbol genealógico nos da una pauta de la apertura musical (y mental) de este eterno muchacho (ya tiene 47 años) nacido en una muy humilde familia de Ituzaingó (Pcia. de Bs. As.), que en su adolescencia tuvo que trabajar para comprarse su primera guitarra y que, a pesar de que lo dice con orgullo, reconoce las limitaciones que le originó su crónica falta de estudios musicales. “Siempre toqué y aprendí de oído, mirando y tratando de imitar”, relató a la vez que destacó la necesidad de estudiar. “Ser autodidacta está bueno porque uno debe amañarse, pero en realidad no lo es tanto, el estudiar música mejora la relación con los demás artistas, pero de todos modos, soy de los que se guían más por las miradas con los músicos con los que estoy tocando”.



Definiciones como estas fueron posibles gracias a la relajada charla con el público mantenida durante su visita a Misiones para la novena entrega del programa Clínica 13. Esta vez la cita fue en la Casa de la Cultura, de la ciudad de Oberá, lo que evidencia la intención de que este programa encarado por el Ministerio de Desarrollo Social en conjunto con el MPM llegue a cada vez más sectores de nuestra sociedad.

Fan confeso de artistas como León Gieco, Mercedes Sosa y Roberto Rufino, a los que suma en su podio de admiración a Ozzy Osbourne, Lemmy Kilminster e Iggy Pop, Andrés dio continuas muestras de humildad y amplitud musical. Algo que quedó en total evidencia cuando, hacia 2006, disolvió su banda original y conformó D-Mente, un proyecto alejado del metal y que contó con colaboraciones de Luis Alberto Spinetta, Juanse Paranóico, y la pianista clásica Alina Gandini. “Venía de una etapa en que los músicos de subían al proyecto A.N.I.M.A.L. como modelos a una pasarela, y cuando se volvían famosos se iban a la mierda. Lloré mucho cuando tomé la decisión de terminar, y León fue la persona en la que me cobijé”.



El León es un animal

La relación de Giménez con Gieco nos da una pauta más de la humildad de Andrés. “Siempre fui admirador de León, y su canción ‘Cinco siglos igual’ me parece una genialidad”, reconoce el músico que en los 90s temprano se escapó de un festival en el que tocarían en horario de trasnoche para ver un concierto del León. “Llegue al teatro y no había mas entradas. Cuando me estaba yendo me llama el mánager y me pregunta si era el de A.N.I.M.A.L. y me hizo pasar. Me pidió que me quedara a un costado del sonidista, y al final me llevó a conocerlo. Yo me moría de vergüenza, pero el me contó que su hija era fan de la banda y me pidió que algún día le firme todos los discos… sólo teníamos dos discos en esa época!!!!” exclamó en medio de risas. Varios años después, en medio de un evento organizado por las Madres de Plaza de Mayo volvieron a encontrarse. Cuando León se enteró de su presencia lo mandó a llamar e invitó a cantar. “Me dijo que Cinco siglos… estaba programada para los bises y me ‘obligó’ a acompañarlo. No saben cómo me temblaban las patas”, siguió Gimenez.

Esta buena onda mutua prosiguió a lo largo de los años, y un misionero fue testigo del amor que existe entre estos dos grandes artistas y, una vez más, de la humildad de Giménez en su trato con su público y colegas”. Cuenta Joselo Schuap que cuando grabó “El sueño del pibe”, que contó con la colaboración de Gieco, Giménez estaba junto a él. “Andrés hizo de asistente de grabación y armó todo el set de León. Sin su ayuda no hubiésemos podido grabar ni la mitad de lo que hicimos”, relató el chamamecero de Leando N. Alem.



Productor por casualidad… o no tanto

El cómo Andrés Giménez se convirtió en productor musical es una muestra más de su carácter obsesivo a la hora de hablar de música. Cuando grababan el disco “Usa toda tu fuerza” (1999) en Malibu (USA), Andrés se quedaba después de las sesiones para observar el trabajo de Richard Kaplan y Bart Johnson, que eran los productores artísticos del Indigo Ranch Studio (allí grabó Bob Dylan, por ejemplo). “Ellos vieron mi interés por el proceso y me preguntaron qué opinaba del sonido que se estaba logrando. Yo les dije que no me correspondía opinar sobre eso y que ellos eran los especialistas, pero insistieron. Les dije que había algunos detalles para ajustar y me hicieron caso y se encerraron a volver a mezclar (en esa época todo era analógico y había que rehacer todo el trabajo). El resto de los A.N.I.M.A.L. me re cagó a pedo y trataron de delirante, pero cuando los técnicos regresaron reconocieron que tenía razón y propusieron que yo debía ser co-productor. Así comencé a jugar con los mic y diferentes técnicas de grabación”, prosiguió Andrés mientras los ojos le brillaban. Evidentemente, su obsesión a la hora de trabajar lo convirtió en  un productor artístico reconocido que, paradójicamente, nunca ha estudiado música ni sonido. Lo que se dice, un auténtico animal criado y creado en la selva de los escenarios y estudios de grabación.


Jackpot…

Uno de los puntos sobresalientes de toda la experiencia con Andrés Giménez se dio ni bien comenzada la experiencia. En plena conferencia de prensa, cuando se enteró de que el MPM editó un disco de folklore local y que para este año están previstas grabaciones similares de diferentes géneros (incluido el metal-hardcore y punk), Giménez saltó (casi literalmente) de su silla junto al Ministro Losada y exclamó que se ofrecía (sin costo alguno) a ser el productor de dicho trabajo. “Cuando comentaron que harían esas grabaciones y dejaron, obviamente, al metal por último, sentí que debía hacer algo para que ese disco se vuelva más importante para todos”. Demás está decir lo importante que será para los músicos locales que participen de dicho proyecto, el tener la posibilidad de que este animal del metal los ayude a pulir su sonido y asesore en la grabación. Un verdadero e inesperado lujo.

Extra Ball

La dinámica de Clínica 13 implica una zapada final con músicos locales. Esta vez, luego de un breve set acústico (y solista) de viejas canciones acompañado de una criolla, lo acompañaron Dpreani Méndez (Nectar) y los obereños Damián Garrido y Alejandro Cerri, que se despacharon poderosas versiones acústicas de clásicos de Acosados Nuestros Indios Murieron Al Luchar.

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