25 dic. 2014


Por Darwy Berti

Cada vez que llega el fin del año todos queremos hacer un “balance” de lo ganado y de lo perdido, aunque sepamos, como Carlos Drumond de Andrade, que el último día del año no es el último día de todos: que nuevos días vendrán, que nuevas bocas besaremos, etc. Y aunque suene muy poco mercantil nosotros queremos saber, en este balance del 2014, qué poemas adquiridos este año, nos enriquecieron más, como lectores. Además de “La médula de la palabra prodigiosa”, esa antología de la poesía (retrospectiva) de Jorge Sánchez Aguilar de la que ya hablamos el mes pasado en esta misma columna, mucho nos han enriquecido como lectores de poesía los libros de esas Tres Reinas Magas de la Poesía Correntina actual: Estefanía Ceballos (“Desde la guarida”); Gabriela Stacul Fiori (“Ocio felino”); y Liz Antonini (“De promesías, mediodías y máscaras”).

Estas magas nos trajeron el oro, la mirra y el incienso que tanto necesitábamos para conjurar los vahos perniciosos de este año que termina. “Desde la guarida”, de Estefanía Ceballos, es un libro escrito con todo el cuerpo, nos explica Laura Yasán, en su prólogo, que tituló enfáticamente: “Entre la niña santa y la hembra salvaje”: “Su yo lírico es mitad niña santa y mitad hembra salvaje, las dos corren en direcciones opuestas y así cada poema es el desgarro del siguiente, un nuevo desmembramiento en la guarida, un lugar simbólico desde donde se escribe esta historia, este atravesar el espanto de la finitud”, argumenta la prologuista, que es también la directora del taller literario porteño al que asiste Estefanía. (Estefanía, además de poeta, es abogada penalista y docente universitaria. Tiene además un título sanguíneo: es hija del novelista José Gabriel Ceballos). En este libro suyo hay un poema que es para nosotros como el oro o el incienso o la mirra de Baltasar, Gaspar y Melchor:

“Callado río”. Ese poema comienza con una pregunta: “¿De qué lugar viene ese viento? / ¿Qué verdades lo trae hasta aquí apoderándose /de cada planta /cada mármol /cada infancia?”. Hoy ese viento se apoderó de este libro de Estefanía. Es como esa leyenda de Lovecraft.

“Ocio felino”, de Gabriela Stacul Fiori, presentado al público en la Biblioteca “Juan José Folguerá” del café “El Mariscal”, nos enriquece con el oro de una sensualidad no tan ociosa. Este libro vuelve a darle la razón a Julia Kristeva cuando afirma que el acto de la escritura es el acto sexual por excelencia porque es más comprometedor y más intenso que lo que el escritor ha podido vivir. ¿Qué tienen estas jóvenes poetas con el viento? Gabriela, al igual que Estefanía, logra su mejor tono al ocuparse del viento. Nos recuerda al apocalíptico Paul Claudel cuando aseguraba en una de sus grandes odas: “Oh viento, yo te veo”. Stacul a su vez nos dice en “Viento norte”: “Viento que huele a rebeldía / llega imponente, / me arrebuja y acaricia, / gime sublevado a mis oídos, / perturbándome”. A su vez Liz Antonini le confiesa a su “Amado”: “Varias monedas de oro no valen la luz de tu rostro…” Esa misma luz también irradian estas tres magas.

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