17 nov. 2014


Por Darwy Berti

Ayer el poeta Rodrigo Galarza nos trajo “La médula de la palabra prodigiosa”. Fue en la biblioteca “Juan José Folguerá”, del café "El Mariscal”. Al abrir esa  antología que reúne los poemas de Jorge Sánchez Aguilar escritos desde 1979 a 2008, comprendimos al instante que su tiempo de poesía es infinito.

Comprendimos que verdaderamente la poesía es una supervivencia. Sí, esta idea nos viene de los griegos. De Platón en particular. Él aseguraba, hace unos dos mil quinientos años, que los verdaderos  poetas no mueren del todo porque continúan viviendo en todos aquellos que aprendieron sus lecciones. El poeta Sánchez Aguilar, quien felizmente está aún físicamente entre nosotros, aprendió las lecciones de los antiquísimos poetas guaraníes que si bien ya no están físicamente entre nosotros  continúan aquí a través de las imágenes que nos dejaron. Imágenes como la del colibrí lanza relámpagos y la de la tierra sin mal.

Imágenes que hoy sobreviven en estos poemas de Sánchez Aguilar y que seguirán viviendo mañana, porque su tiempo es verdaderamente infinito.

“Sánchez Aguilar sabe tal como los antiguos poetas y teólogos de la selva que la raíz de toda celebración del estar en el mundo es el canto, y por eso canta  con una voz llamada a crear un nuevo espacio de asombro…”, nos explica el mismo Rodrigo Galarza en el prólogo de este libro que nos entregó ayer “en propias manos”, como quería el autor. Y de esta manera –la poesía de mano en mano-, se cumple eso que preconizaba el nombrado Platón: la poesía es como el imán que  va creando un circuito de piedras imantadas que se multiplican hasta el infinito. La seducción de la lectura, del canto. Rodrigo Galarza (poeta que ha resucitado a otro imprescindible poeta correntino, a Coco Madariaga mediante una antología para el muy selecto círculo de lectores de la influyente editorial española “Pre-textos”), reproduce en su prólogo una observación de Graciela Maturo.

Ella sostiene que  Sánchez Aguilar recupera fenomenológicamente los mitos guaraníes a través de su propia vivencia, a través de “una mirada interpretativa que asume el mito como presente permanente”. Por otra parte Galarza señala que “a diferencia de Francisco Madariaga, quien para cantar a nuestra tierra y su gente, mitifica el escenario y su gauchillaje, Sánchez Aguilar parte del mito y asume su herencia”. ¿Se nos permite ahora, a nosotros, sostener que: tanto aquel anónimo poeta guaraní del “colibrí lanza relámpago” como Madariaga y el propio Sánchez Aguilar convergen hoy en la poesía de Rodrigo Galarza, en una clara periodización de la poesía correntina?

En un artículo periodístico de 1979 en “El Litoral”, al que titulamos “Las peregrinaciones de un poeta y las de los guaraníes”,  nosotros le dábamos la bienvenida a Jorge Sánchez Aguilar a  “La tierra sin mal”. Y también sosteníamos allí que él mismo era un colibrí lanza relámpagos. Hoy, al leer “La médula de
la palabra prodigiosa”,  lo ratificamos.

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