22 nov. 2014




Por Griselda Cazorla//Nota publicada en Revista Diorama N° 20, diciembre de 2011

El 22 de noviembre se rinde culto a Santa Cecilia, patrona de los músicos. En Corrientes, cerca de la localidad de Empedrado, hay una chacrita que lleva el nombre de Santa Cecilia. Allí, desde hace años, el dueño de casa organiza una gran comilona, cuyos asistentes son los músicos de la región y familias amigas.

En el centro de la chacra hay un altar a la patrona de los músicos, y una vez servida la comida y degustado el vino, un cura bendice la celebración y se da lugar, en un escenario al frente del altar, a un largo desfile de chamameceros que le rinden culto especial haciendo lo que mejor saben, tocar con el corazón y con agradecimiento.



Una vez que empiezan los acordes, los comensales más apasionados salen a bailar sobre el piso de tierra, levantando polvo según el chamamé. Otros se quedan escuchando con nostalgia, otros se abrazan con los viejos amigos y comparten un vino.

Niños y animales se entremezclan en este paisaje, mientras los mayores parecieran estar en un dulce trance, envueltos por la música que suena desde el escenario. Cuando el calor aprieta y pasada la hora del almuerzo, la mayoría busca la sombra y se acoda en las sillas, para seguir el festejo que venera a la patrona de los músicos.


No hace falta nombrar a quiénes hacen de ese día un verdadero culto a Santa Cecilia; una tradición muy arraigada en el pueblo correntino, que vincula a una de las artes más representativas de nuestra identidad, la música chamamecera: el preámbulo de lo que se vivirá intensamente este próximo enero con el Festival Nacional del Chamamé, en su edición número 22.

Este vistazo de una celebración íntima pero a la vez muy popular y cara a los sentimientos de los correntinos, como lo es el día de Santa Cecilia, podría muy bien graficar el sentido del Festival, que el año próximo sumará más días en el escenario “Osvaldo Sosa Cordero” del Anfiteatro “Mario del Tránsito “Coco” Marola”, por ende más números musicales y, por ende, más público, propio y ajeno, desfilando por nuestra ciudad.

En un año en que se abrieron muchas puertas a las producciones regionales, donde están surgiendo referentes musicales, herederos de la tradición chamamecera, así como valores con mucha identidad folclórica que toman lo mamado en sus casas y lo fusionan con música más contemporánea, pareciera que el signo de este 2011 que dejamos es la apertura.



Una apertura de oídos y mentes, donde la música juega un rol principal en tanto reflejo de un discurso de la realidad percibida desde el mismo corazón de las provincias. El amor, el paisaje, situaciones cotidianas, costumbres, leyendas, críticas al sistema capitalista, mixtura de lenguajes instrumentales, temas de esta caleidoscópica forma de expresión que surgen de las propuestas, no sólo del chamamé, sino también del folckrock y del mismo rock local.

Si tenemos en cuenta que el lugar en el que crecemos, el paisaje, los usos, la misma religión, nos condicionan para toda actividad futura, que la música que escuchamos desde nuestra infancia y durante nuestra vida reafirma la identidad como pueblo, podemos expresar que, sin importar el bombardeo de propuestas que establece el sistema de consumo impuesto por las grandes multinacionales que se dedican a la difusión de artistas internacionales o foráneos, la salud de nuestra música es óptima.


Corrientes es el epicentro de algo muy grande e importante para los que están y los que vendrán. Ningún género está tan arraigado como el chamamé, la cumbia o el folclore en estas tierras. Y si estos géneros prevalecen por sobre la variada oferta que a veces nos vemos obligados a escuchar desde los medios masivos, es porque el que elige, al contrario de lo que la mayoría piensa, todavía se sabe de acá, de la provincia, del interior o la capital, y sabe también de cómo es vivir, respirar, trabajar y padecer, a través del paso del tiempo.

Esto tan rico que tenemos, que se expresa en las peñas, en las bailantas, en los recitales, en un teatro, en los bares,  acompañando un film que muestra nuestros paisajes, o reflejado en  una síntesis de sonoridades en formato electrónico ya es algo que trasciende las fronteras físicas propias y que, esperamos, en 2012, se pueda disfrutar y difundir aún más.

Sino, querido lector, haga un repaso del 2011 y de los artistas que pudimos disfrutar en Corrientes, Chaco, Formosa, Misiones o Paraguay. Y estese atento al próximo Festival Nacional del Chamamé, o a la iniciativa del Mercado de Industrias Culturales que se llevará a cabo el 28 de marzo en Formosa, una preselección de artistas regionales que quieren surgir y que tendrán su chance de vincularse con las discográficas y empresas a fin de llevar su arte más allá de donde llega la vista.

Celebremos, entonces, la continuidad de estos géneros populares, que se hagan oír por el mundo; que perpetúen nuestra forma de ser y que, sobre todo, sigan apuntalando nuestro norte en la memoria colectiva con su riqueza musical y su sonido tan único.

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