1 jul. 2014



Extravidxs propone una clínica con la temática Crónicas del trauma, que comenzó el viernes 27 de junio, de 19 a 21 hs., y tendrá lugar todos los viernes en Nanas Suena Bien, Av. Paraguay 48. El costo del ciclo será de $300 o $100 por cada clase. Para informes e inscripción, escribir a extravidxs@gmail.com.

El ciclo

Viernes 27/06: Recorridos del trauma, Lic. Carolina Fule
Viernes 04/06: Análisis del trauma, Lic. Julieta Blanc
Viernes 11/07: Coordenadas del trauma, Lic. Silvana Pérez
Viernes 18/07: ¿De quién es mi trauma?, Arq. Leo Ramos y Lic. Pablo Black



Crónicas del trauma

Hablar, escribir, teorizar sobre los traumas de la historia, los derrumbes del tiempo y las garantías de la palabra, nunca ha sido una tarea fácil.

Tal es el desafío que desde Extraviadxs. Crónica y clínica queremos proponer, dar a pensar, en este primer ciclo: particularizar, describir y recorrer los quiebres (los traumas) que se producen a nivel de la experiencia individual y/o colectiva.

Quizás la principal particularidad del trauma sea que se tiene de él una vivencia, un impacto, pero no una inscripción. ¿Cómo hacer, entonces, para pasar de esta vivencia, relato “pura-carne”, a la posibilidad de cierta inscripción? ¿Cómo configurar algo de un escrito, tanto para el sujeto como para el analista? ¿Cómo hacer del trauma algo “manejable”?

Si se transitan las balizas dejadas por Freud respecto del trauma, encontramos que se corre rápidamente del punto ciego de la medicina: lo traumático no habita en el acontecimiento vivido sino en el efecto de sorpresa, de extrañeza y perplejidad. El mismo Freud es sorprendido y atravesado por la extrañeza de un discurso que pareciera oscilar entre fantasía y realidad… Pero, sabemos, sus histéricas no le mentían, y sus crónicas de la clínica son hoy casos paradigmáticos.

Del mismo modo, pensamos y recurrimos al modelo de la “crónica” para dar cuenta de un posible recorrido del trauma. ¿Por qué hacer crónica? ¿Cómo hacer una crónica del trauma?

En principio, creemos necesario establecer un terreno posible de trabajo con el traumatizado, y éste no es otro que el mismo espacio donde sucedió el trauma. Es in situ, pues un primer relato se produce en el lugar y tiempo del trauma, en el espacio traumático, en el hueco.

Al igual que en la crónica, hay que ir hasta el lugar y permanecer allí, aunque no sea confortable, aunque se diga que para el analista es mejor estar fuera de allí: con el trauma, no puede operarse “desde afuera”.

¿Cuál es, entonces, el lugar del analista en el trauma? El espacio traumático contiene al analista y a los traumatizados: apenas percibidas y reconocidas esas zonas catastróficas, se actualizan de inmediato en el trabajo transferencial a partir de las resonancias con puntos de la historia del analista o de su linaje, interferencias, extrañamente familiares (como dice Sullivan) que ponen en relieve esas zonas catastróficas bordadas, para devolverlas a su sensibilidad: tal es lo activado en el analista.

Si la problematización de lo traumático no puede hacerse sin la problematización del lugar del sujeto y del analista, el trabajo de rescate no puede alcanzar sólo al concepto, sino también a aquellos "analistas del trauma" que han ensayado un modo-de-hacer allí, en el espacio-tiempo específico del trauma, un espacio-tiempo detenido que expone las fisuras de la propia historia del analista. Analistas en algunos casos olvidados, en otros, menospreciados, que tuvieron el coraje de dejarse alcanzar por ese "exceso de energía" que es el hecho traumático.

Freud no fue ajeno este encuentro: del grano de arena en la perla psiconeurótica, a lo reprimido como tierra extraña interna, pasando por un yo que ha dejado de ser amo en su propia morada como metáforas de extrañeza, llega a lo Unheimlich, lo siniestro, lo ominoso: lo inquietante no es lo que tiene de extraño sino lo que tiene de familiar. El trauma ya no es algo extraño que se enquista, sino algo familiar que se ha vuelto extraño en el encuentro con un acontecimiento exterior.

Del trauma en la histeria al trauma de la primera guerra mundial. Una crónica de difícil escritura en la simultaneidad de la muerte y el duelo de su hijo. Un trozo de sí aún no inscripto hace carne en el maestro, y la crónica se abandona en la misma escena donde el analista ya no puede sostenerse. Freud-padre ha perdido a su hijo y la cartografía del duelo nos deja como herencia una ciudad perdida… O la espera de hacerse encontrar/escuchar en la sorpresa de otro analista dispuesto a la aventura de ofrecer su propio trauma.

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