21 mar. 2014


Por Pedro Robledo, para La Capital
El teatro estuvo colmado por un público conocedor de la trayectoria de ambos artistas. Ambos músicos, generaron un ida y vuelta de notas y melodías que fueron creando un clima sonoro que fue cautivando al público que aceptó gustoso sumarse a la propuesta.

La gira que reunió al acordeonista misionero Chango Spasiuk y al violonchelista carioca Jaques Morelenbaum tocó cuatro ciudades argentinas. Rosario fue la última. La estructura del concierto fue la misma: primera parte del Chango con su cuarteto, siguiendo Jacques con su trío y un breve espacio compartido en el final.

El Círculo estuvo colmado por un público conocedor de la trayectoria de ambos artistas. Ambos músicos, generaron un ida y vuelta de notas y melodías que fueron creando un clima sonoro que fue cautivando al público que aceptó gustoso sumarse a la propuesta.

Spasiuk propuso un diálogo que permitió el lucimiento de todos los integrantes del cuarteto. Los brillantes desempeños individuales de Marcos Villalba (guitarra y percusión), Víctor Renaudeau (violín) y Alfredo Bogarín (guitarra) estuvieron en perfecta sintonía con las obras y a la altura del líder. Ofreció una primera parte que dejó al auditorio con ganas de algo más. Dentro de lo breve del set, incluyó Alvear orilla", obra antológica del chamamé que el misionero rescató en "Pynandí", su último disco. Incluyó "Chamamé crudo", "Polca de Vera" y "La ponzoña", con belleza, sensibilidad y profunda expresividad, entre otros temas.

Morelenbaum preparó un repertorio algo más extenso, en donde mostró su solidez interpretativa en versiones de obras de Veloso, Gismonti y Jobim, junto a su Cello Samba Trío. En "Corazón vagabundo", de Caetano Veloso, el trío logró una performance brillante que despertó una de una de los ovaciones de la noche. Su segmento solista permitió certificar el lugar de privilegio que ocupa en la música universal. De Jobim, ejecutó "Samba de una nota sola".

Transformados en septeto, una obra de Piazzolla los reunió para concretar el segmento compartido que iba a significar el cierre del concierto y un momento histórico para la música latinoamericana.

Del gran Astor, eligieron "Vuelvo al sur", generando un clima de música académica, un "pequeño universo" que se completó con "Infancia", de Spasiuk.

Ya inmersos en una atmósfera de mutua admiración, en dúo, recrearon "Pynandí", de Spasiuk. Para completar el muestreo de la riqueza musical del Brasil, rescataron "Receita de samba", el choro de Jacob do Bandolim, compositor carioca que está también entre los preferidos por Morelenbaum a la hora de armar repertorio.

La reunión de los siete músicos se volvió a producir en la despedida con "Cajuina", de Caetano, en un contagioso ámbito que combinaba música de alto nivel con participación del público agitada desde el escenario por Spasiuk. Cuando las luces de la sala ya se habían encendido y la mayoría comenzaba a retirarse, un grupo de plateístas muy entusiastas insistieron y consiguieron el inesperado e imprevisto regreso de los artistas. No había más temas armados. Al Chango se le ocurrió darle una clase de chamamé a Jacques en el escenario mismo y, muy solicitada por el público, improvisaron "Kilómetro 11". La gente se mostró extasiada e insaciable hasta el final y tuvieron que repetir "Vuelvo al sur".

Fueron dos horas y media de un concierto que superó ampliamente las expectativas previas. Spasiuk y Morelenbaum demostraron que la música genera puntos de encuentro que borran fronteras. "La música es mucho mejor que el fútbol", concluyó Spasiuk, resumiendo las intenciones y los resultados.

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