30 ago. 2013


Por Dra. María Cristina de Pompert de Valenzuela, Miembro Correspondiente en el Chaco de la Academia Nacional de la Historia

El Museo Histórico Regional Ichoalay comienza una nueva etapa y por ello la doctora María Cristina de Pompert de Valenzuela, miembro correspondiente en el Chaco de la Academia Nacional de la Historia, reflexiona sobre la reinauguración del espacio dependiente del Instituto de Cultura del Chaco con un emotivo recorrido por su historia señalando la relevancia de dicha institución para la vida cultural de la provincia.

La noticia nos llena de regocijo y gratitud. Desde el 30 de agosto, el Museo Histórico Regional Ichoalay ofrecerá nuevamente a los visitantes la oportunidad de contemplar el acervo testimonial del pasado chaqueño y a los investigadores e interesados la posibilidad de reconstruir, en el relato, distintos aspectos de la historia sociocultural de la provincia.

En un local remodelado que ofrece las comodidades pertinentes, pero con la definida identidad con que surgió y los mismos objetivos y dinámica que desde el año 1998 impusiera el personal a cargo de su conducción y colaboradores, reanudará su actividad. El Museo, uno de los logros culturales que entregará a la comunidad la centenaria escuela Normal de Resistencia desde 1950, continuará su labor en el sentido de ahondar en nuestras raíces para lograr el sólido basamento de proyectos de futuro.

Evocando el nacimiento del museo
Fue una creación de avanzada en aquella Resistencia de la década del cuarenta, que tímidamente despertaba a las manifestaciones del espíritu y en la cual la conciencia histórica sólo se evidenciaba parcialmente.

Sin preparación específica, pero con extraordinaria intuición, voluntad y empuje, la señora Inés García de Marqués, docente de la Escuela Normal, se propuso crear un centro de investigaciones históricas de la región y de estudio del indio. Con el acompañamiento de alumnos que cursaban el cuarto año, recurrió para ello a la modalidad de Seminario, procedimiento didáctico casi desconocido en el ambiente. Lo denominaron Ichoalay, en memoria del cacique abipón de ese nombre y se fijaron como objetivos “la reconstrucción de la vida y costumbres de los habitantes autóctonos y de quienes habían poblado el territorio a través del proceso migratorio.”

La historia posterior ha sido elaborada y divulgada en varias oportunidades. Por esa razón, como espectadora de los inicios, deseo traer a estas páginas, las vivencias que ese surgir de algo nuevo  en el ámbito cultural  resistenciano despertaba en nosotros, adolescentes de primer año, ávidos de conocimientos, para quienes la señora de Marqués era mucho más que una profesora. Una amiga.

A medida que los alumnos mayores, protagonistas del proyecto, realizaban entrevistas y recopilaban datos, el futuro museo recibía donaciones de material, testimonios concretos del pasado chaqueño.

Como un niño con juguete nuevo, la señora Inés disfrutaba de las adquisiciones que engrosaban el caudal museográfico, compartiendo este sentimiento con nosotros. Podíamos contemplarlo, tenerlo y hasta ayudar a restaurarlo, mientras escuchábamos la referencia histórica pertinente, en el relato de la profesora. Creo no equivocarme al afirmar que entonces tomé conciencia de lo que era este Chaco en el que había nacido, mis raíces comenzaron a ahondarse para reconocer mi idiosincrasia, sentirme fuertemente chaqueña y advertir que surgía tímidamente la vocación por los estudios históricos. Y este sentir se amplió luego llegando a lo familiar cuando tuve en mis manos el rústico cuaderno en el cual mi abuelo inició la quimérica tarea de confeccionar un diccionario guaraní-castellano- alemán. O cuando contemplé exhibidas las fotos del primer taller de fotografía artística que existió en Resistencia, propiedad de mis tíos.

Mis lazos con el museo se robustecieron cuando, ya profesionalmente, pude elaborar con material existente en él varias historias chaqueñas.

He volcado en esta nota esas vivencias, con una intencionalidad que trasciende lo personal, en la convicción de que muchos las compartirán. Para explicar el motivo por el cual muchos ex alumnos de la Escuela Normal lo consideran “nuestro museo” y para justificar la alegría que nos produce la reapertura de sus salas al servicio de docentes, alumnos y público en general. Asimismo, para hacer llegar el sincero y profundo agradecimiento de la asociación de ex alumnos de la Escuela Normal a las autoridades que posibilitaron esta realidad que hoy nos enorgullece.

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