5 de jul. de 2012




La edición de noviembre de la revista Maxim presenta una nota reveladora sobre el conjunto de chamamé que se hizo famoso al utilizar maquillajes inspirados en Kiss. Recuerdo vagamente a Los Caú de algunos programas de la pésima televisión argentina de comienzos de la década del ochenta. Por aquellos años yo era apenas un niño que se sentía indignado ante la posibilidad de que alguien se estuviera burlando de sus héroes. Bizarro.

El artículo firmado por Matías Pérez Andrade integra una sección denominada I Love Decadencia y demuestra que la influencia de Kiss es tan grande que algunas veces produce daños colaterales.

Los Kiss del chamamé

A fines de 1979 Víctor Morel era un joven baterista, cantante y compositor de la zona sur del conurbano bonaerense. “Yo vengo del rock. En esa época tenía una banda con la que hacíamos covers. Laburábamos mucho en fiestas privadas y una noche que tocábamos en un hotel, en la zona de Constitución, nos encaró un productor que estaba de casualidad en la fiesta”.

El productor era Américo Cardinale, manager musical y dueño del sello discográfico independiente Irupé, que trabajaba en el creciente fenómeno de las bailantas en el conurbano, enormes y muy concurridos bailes familiares donde se tocaba chamamé, folklore y ritmos tropicales.

Cardinale tenía una idea: mezclar el chamamé con el tempo de la cumbia, pero interpretado por músicos provenientes del rock. “Lo que me resultó raro era que no quisiera reclutar músicos del estilo. Nosotros esa noche tocamos temas de Deep Purple y de Creedence al palo, nada que ver. Pero él la tenía re clara y lo que quería era tocar esa música, pero con otro pulso, más arriba”.

Lo más increíble fue cuando Cardinale le propuso armar una nueva banda y que su idea era darle una identidad muy reconocible. “Entonces me dijo que quería que ¡nos pintáramos la cara como hacían los Kiss! Casi me muero”. Al toque entraron a grabar. Cardinale puso la tarasca y Kuky Pumar, su socio creativo, las ideas.

“En una reunión con el grupo y la producción, empezamos a tirar nombres. Después de horas de pensar, alguien dijo Ya sé: Los Cuis (risas) ¡Pero ésta es una idea de borrachos! dijo alguien (risas) y Kuky gritó: ¡Ese es el nombre! ¡Los borrachos!” (risas) Para relacionar más el nombre de la banda con la onda que buscaban, usaron la palabra guaraní para borracho: caú. Así nacieron Los Caú.

Morel se hizo cargo de la producción musical de la banda, reversionando clásicos del chamamé de compositores como Tránsito Cocomarola, Tarragó Ros padre y Coco Díaz, inyectándole el groove del tropical y también componiendo material propio, incorporando aires de boleros y cumbias. Pumar se encargó de la organización de los shows y de la imagen de la banda.

Muchas giras

El efecto que produjo el arte de tapa del primer LP de Los Caú Los reyes del chamamé tropical editado en 1980 fue inmediato: todos los que vieron ese disco en las bateas se preguntaron estupefactos: ¿Y estos quiénes son?

En la portada había una foto en primer plano de la banda en plan Kiss en un exterior dominguero. Con este primer disco, Los Caú inventaban un género hasta ese momento inexistente, que serviría de base para lo que luego, con los años, se masificaría a los niveles inmensos que tiene hoy la movida tropical.

“Empezamos a laburar a pleno. En esos años todo era muy amateur, pero había mucho trabajo. Además de boliches, había muchas fiestas que se hacían en provincia y en el interior. Era todo más familiar: empezaba y terminaba todo temprano. De jueves a domingo tocábamos sin parar. Era de locos. Al año viajamos a Bolivia y Perú. Después viajamos por toda Sudamérica”.

La máquina del chamamé

La extensa discografía de Los Caú abarca ¡24 LPs! La necesidad de generar ideas diferentes para cada portada tuvo su pico máximo de bizarrez en la impagable foto que adornaba Los Caú en Obras, de 1985. Recuerda Morel: “Acabábamos de grabar los temas para un disco del que aún no había nombre ni nada, entonces llama Kuky y me dice Mirá, ¿viste que ahora todos sacan discos grabados en Obras? Bueh, ¡nosotros también!”

“Obviamente, nosotros no habíamos tocado en Obras ni ahí, pero justo Kuky estaba reformando su casa. Vénganse que nos comemos un asado y hacemos las fotos (risas) Y así fue. Nos comimos un re asado, nos vestimos de albañiles maquillados como Kiss e hicimos las fotos”.

“Sacamos muchos discos, así que lógicamente algunos se vendieron muy bien y otros no tanto”, dice orgulloso Morel, ya que en total cosecharon 5 discos de oro y 3 de platino. En 1985 el sello MH lanza como competencia a “Los diablos de la cumbia”, que afirmaban ser “los creadores de la cumbia metálica”.

Usaban muñequeras y camperas de cuero, sus temas tenían intros de guitarra eléctrica metalera y luego mutaban en cumbia, el hit era una versión de Estás para ganar de Johnny Tolengo.

Durante los ochenta Los Caú formaron parte estable del elenco de Feliz Domingo. Tocaban dos entradas todos los domingos y era de los números más festejados por la multitud que todas las semanas desbordaba los viejos estudios de la calle Castex. También aparecieron en reiteradas oportunidades en Calabromas.

De esa época los recuerda Riki Maravilla, otro ícono de la movida y habitué del programa de Juan Carlos Calabró: “Los admiraba, era fan de ellos. Empezamos casi juntos y compartimos escenarios en todo el país. Eran muy, muy populares Los Caú y su propuesta era revolucionaria, muy original. Si bien no fuimos amigos, los recuerdo con mucho cariño de esos años primeros, donde cada veinte cuadras tenías un baile con grupos tocando de todos lados”.

A comienzos de los noventa fallece Cardinale, entonces Pumar, junto con su hijo, se dedican a forjar nuevos artistas y fundan el sello Leader Music. Los Caú quedan por su cuenta. La banda se desarma y Morel continúa reclutando músicos que, con el paso de los años, se van alternando. Uno de sus hijos, Omar, sigue sus pasos y se une al grupo Ráfaga.

Un legado de rimmel

El único antecedente de una banda argentina que imitara a Kiss había surgido unos años antes que Los Caú, entre 1976 y 1977. Durante ese año realizó algunos shows el grupo Lulú, que tocaba rock pesado, usaba pirotecnia, se maquillaba y vestía emulando a Kiss.

Editaron un simple, hoy un vinilo incunable, con el tema Fuera de mi ataúd. El episodio más sonado en su fugaz existencia fue cuando, queriendo lograr un efecto de niebla, en un show en el Auditorio San Isidro prendieron fuego a un neumático en la sala.

En los ochenta Lulú se sacó el maquillaje y mutó en el grupo de hard rock Rayos X. Se podría decir que Los Caú venían a disputar una franja del lugar que ocupaba Katunga, otro bizarro combo que mezclaba rock con cuarteto cordobés.

Aunque Katunga era más zarpado en las letras y Los Caú más aptos para todo público. En su repertorio también había lugar para la guaracha, el melódico y hasta para algún rock. Este repertorio ecléctico les valió que el ambiente “serio” del chamamé nunca los considerara como cultores del género. Hasta el día de hoy.

Actualmente Víctor Morel hace radio y mueve grupos y es el único miembro original que continúa con la banda que hoy se presenta como Víctor Kau por problemas con el uso del nombre.

Extrañamente, no hay ediciones en compactos de los discos originales de Los Caú. La nueva formación, con producción de Morel, está grabando un disco y tocan con regularidad. Su última aparición destacada fue como teloneros de El Chaqueño Palavecino en el estadio de Racing.

Fuente: kissteria.wordpress.com

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